Entrar en Casa Pagès es recordar que la cocina tradicional no necesita reinterpretaciones forzadas para seguir siendo contemporánea. Tras una reforma discreta, el restaurante reabre celebrando 70 años de historia en Gràcia y 42 bajo la familia Barros, reafirmando una identidad cada vez más escasa en Barcelona: la de la auténtica casa de comidas catalana, donde el tiempo de cocción sigue marcando el ritmo del servicio.
Guisos que hablan de oficio
La propuesta se construye sobre un principio claro: respeto al recetario popular y ejecución rigurosa. No hay atajos. Aquí los fondos se cuecen lentamente, las salsas se ligan por reducción y colágeno natural, y los guisos reposan el tiempo necesario para alcanzar profundidad de sabor. Parece mentira, pero esa es, hoy, una declaración casi revolucionaria.
La carta de Casa Pagès se articula alrededor de los platos de cuchara, verdadero ADN de la casa.
El fricandó presenta una carne correctamente braseada, fibrosa pero rendida, napada por una salsa oscura donde el sofrito ha alcanzado el punto justo de caramelización.
El cap i pota, uno de los termómetros de cualquier cocina de casquería, muestra una gelatina limpia, untuosa, sin exceso graso, señal de cocción prolongada y desgrasado meticuloso.
Las habas a la catalana conservan firmeza, perfumadas de menta y panceta, respetando la estacionalidad. La butifarra con judías mantiene el producto en el centro: embutido terso, legumbre mantequillosa y allioli emulsionado con estabilidad.
Otros clásicos —pies de cerdo, trinxat de la Cerdanya, carrilleras al vino, albóndigas de recetario doméstico— consolidan una carta que apuesta por la memoria gustativa colectiva sin caer en la nostalgia vacía.
El bacalao a la llauna merece mención aparte: punto de sal medido, carne jugosa y piel ligeramente gelatinizada, con un refrito contenido que realza sin dominar.
Tradición también en el dulce
Los postres siguen una línea coherente: ejecución clásica y producto reconocible. La torrija, correctamente empapada, mantiene estructura sin resultar pastosa. El mel i mató respeta la acidez láctica original. Y el Del Pagès —helado de turrón y crema catalana— aporta una nota festiva sin excesos técnicos.
Desayunos de cuchara: un gesto de resistencia culinaria
Uno de los mayores aciertos de esta nueva etapa es recuperar los desayunos de guiso. Servir fricandó, cap i pota o carrillera entre las 9 y las 12 no es una excentricidad: es la preservación de una costumbre obrera barcelonesa casi extinguida. Desde un punto de vista gastronómico, además, permite trabajar elaboraciones ya reposadas, en su mejor momento organoléptico.
Menú diario y cocina de barrio
El menú de mediodía mantiene una estructura clásica de cuatro primeros y cuatro segundos, rotación diaria y precio contenido. Una fórmula que exige planificación de mise en place, aprovechamiento integral del producto y control de mermas: cocina profesional de verdad.
Un espacio sin artificio, una identidad clara
Sala sencilla, servicio cercano, clientela intergeneracional. Nada distrae del objetivo principal: comer bien. Desde sus orígenes como bodega y tocinería en 1956 hasta hoy, Casa Pagès sigue ejerciendo una función esencial en la vida de barrio: alimentar, reunir y preservar una cultura culinaria cotidiana.
Casa Pagès no busca reinventar la tradición. La ejecuta con técnica, honestidad y respeto por los tiempos de la cocina real. En una ciudad donde lo nuevo a menudo eclipsa lo necesario, este restaurante recuerda que una buena cuchara sigue siendo una de las formas más precisas de alta cocina popular.

CASA PAGÈS (desde 1950 y 1982 en la familia Barros )
C/ Llibertad 19 . Barcelona
de 9,30h a 17h. Y de 19h a 12h.
CAFÉ PAGÈS (desde 2010)
C/ C/ Torrent de L´Olla 27 Barcelona
13h a 17h. Y de 19h a 01h.









